NO QUEREMOS OLVIDARNOS DE TI, SEÑOR


¿Alguna vez falta la nieve del Líbano sobre las piedras del campo? ¿O llegan a faltar las heladas aguas que bajan de lejanas tierras? En cambio, mi pueblo me ha olvidado y ha ofrecido incienso a dioses falsos; ha tropezado en sus caminos, en las sendas de siempre, y anda por atajos y no por el camino principal (Jeremías 18:14-15)

¡Mira! Ya estoy a la puerta, y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, yo entraré en su casa, y cenaré con él, y él cenará conmigo. (Apocalipsis 3:20)

Señor, con justicia reclamas por habernos distanciado de ti: alejarnos de tu presencia es la muerte, pues eres la vida, de ti proviene nuestro aliento, sólo en ti somos.  Es verdad que por momentos te olvidamos, pues el mundo nos confunde y distrae, aprendimos a prestar más atención a lo que es superficial e inútil, pero lo esencial lo perdimos de vista.  Cuanto más nos hemos alejado de ti, más hemos sentido en verdad el vacío, la soledad, la angustia.  Caminar por atajos ha expuesto nuestra vida: el atajo del dinero que pretende llenarlo todo, pero en verdad nos despoja de lo que nos hace humanos; el atajo del egoísmo que finge procurarnos éxito y realización, pero que nos priva de lo que nos hace uno como comunidad, uno contigo; el atajo de las comunicaciones superficiales, efímeras, de las palabras sin profundidad, del exhibicionismo mediático y la vanidad de figurar y ser “alguien” en los universos virtuales.  Tantos atajos Señor que nos van llevando a la perdición.

Mas hoy queremos recorrer tus caminos, volver la mirada, la memoria, el corazón hacia ti, queremos abrir la puerta para que entres y te quedes, escuchar tu dulce voz y compartir el pan y el vino contigo y con todos los que te aman.  Ayúdanos Señor a despojarnos del ropaje de lo fútil y vestirnos de ti, de tu amor, dejarnos llenar de tu presencia y vivir así con sentido, el gozo y la abundancia de la vida con que nos colmas.  Ponemos en tus manos nuestras miserias para que de en medio de ellas nos levantes fortalecidos, en el nombre de Aquél que es Principio y fin, Jesucristo, nuestro Señor.  Amén.

Rev. Nelson Celis

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