TÚ NOS AYUDAS Y NOS RECONCILIAS, SEÑOR


¡Fíjense bien! Dios el Señor es quien me ayuda; ¿quién puede condenarme? Fíjense y verán que todos ellos se envejecerán como la ropa; ¡serán carcomidos por la polilla! (Isaías 50:9)

Y no sólo esto, sino que también nos regocijamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación. (Romanos 5:11)

Señor, Dios, que nos ayudas, estamos agradecidos contigo por la reconciliación obrada por Cristo, con su sangre: nosotros, presa del pecado, nos apartamos de ti y no damos testimonio de ser tus hijas e hijos, mas por tu infinita misericordia, has querido que nuestra deuda fuera pagada, reconciliándonos así contigo y disponiendo nuestra vida para que te sirvamos en fidelidad como agentes de transformación en el mundo, emisarios de la paz, trabajadores de la justicia, ayudados con tu Espíritu.

El mundo clama con dolor que la violencia cese, que los corazones violentos sean pacificados, que los opresores depuestos del poder y que para toda la creación sea finalmente la paz.  Señor, sólo tú puedes responder a este clamor, sólo tú puedes hacer nuevas todas las cosas, sólo tú puedes establecer definitivamente tu reino de justicia y amor, ¿cómo hacer para ya disfrutarlo? ¿cómo mover al ser humano al arrepentimiento y la conversión? ¿cómo hacer ver tu rostro de Padre para quienes han perdido la esperanza y han caído en el juego desenfrenado de los perversos?  Ayúdanos Señor, para que cuantos creemos en ti y sabemos de tu fidelidad, podamos llevar la buena nueva de la Salvación en Jesucristo a todos los pueblos, pero no como un discurso elevado o moralista, sino como una práctica apetecible, sosegada, vital y transformadora, como es el ministerio de Cristo entre nosotros.

Que tu Espíritu nos siga moviendo, oh Señor, para que veamos el mundo con tus ojos y nos hagamos Evangelio vivo en el contexto en el que nos movemos.  Cada una de nuestras acciones dé cuenta de ti, cada una de nuestras palabras hable de tu amor, que la esperanza resurja y con el corazón en nuestras manos sirvamos al prójimo excluido, al prójimo pobre, al prójimo angustiado, al prójimo desesperado, al prójimo menesteroso, al prójimo olvidado, al prójimo recluido, al prójimo cautivo, al prójimo que te ha olvidado.

Ponemos en tus manos nuestro ser y en comunión contigo, ofrendamos nuestra vida por el reino, en el nombre de Cristo Jesús, nuestro salvador. Amén.

***

Rev. Nelson Celis

 

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